Antonio Pulido San Román

En mi vida, he tenido la suerte de estar y compartir mucho tiempo, tanto en lo personal como en lo profesional, con dos grandes personas y, a la vez, dos grandes universitarios: Gregorio Peces-Barba y Antonio Pulido. Perdí a mi padre, otro referente para mi, muy joven, a los 20 años. Y no puedo decir que estas dos personas sustituyeran el vacío que aquello me dejó, pero lo que si está claro es que me ayudaron en mi vida y me acompañaron en momentos muy importantes de ella.

Cuando murió Gregorio Peces-Barba, mi maestro, tuve ya ocasión de escribir unas líneas. Hoy quiero hacerlo en recuerdo y memoria de Antonio, que falleció el 21 de octubre, como  consecuencia de algo sobre lo que, a fecha de hoy, no hemos recibido mucha información….

Antonio era una persona con tres grandes pasiones: la economía, la Universidad y la familia. Sobre lo primero, obviamente, no voy a decir nada. Sólo señalaré como he podido apreciar estos días el enorme cariño y respeto de muchos economistas hacia él, su visión realista y situada de la economía, y lo mucho que aprendí escuchándole en reuniones informales y familiares.

Antonio Pulido fue un universitario ejemplar. Tenía una firme vocación docente y una inquietud investigadora fuera de lo común; todo ello unido a una extraordinaria capacidad de trabajo. Se interesaba por todo, fuera de la disciplina que fuera. Fue un gran emprendedor universitario, creando equipos e instituciones de referencia en el campo de la predicción económica. Del rigor y calidad de sus publicaciones dan cuenta los premios y reconocimientos que recibió. Pero además, Antonio buscaba, sobre todo en los últimos años, divulgar, transferir y hacer accesible todo ese conocimiento. Y es que Antonio consideraba que la Universidad debía estar en contacto permanente con la sociedad, siendo esta otra de sus preocupaciones: el análisis del papel de las instituciones universitarias. En los últimos años, unió a todos estos intereses el del estudio sobre la revolución tecnológica y sus implicaciones. Animo a leer las diferentes entradas de su blog (https://www.antoniopulido.es), otra empresa que inició hace poco y con la que estaba verdaderamente ilusionado, para ver todo ello en verdadera efervescencia.

Ahora bien, Antonio Pulido fue capaz de combinar todo ese trabajo y talante universitario con el desarrollo de una vida familiar también ejemplar. Su papel de cabeza de una gran familia, a la que tengo la suerte de pertenecer, es difícilmente reemplazable. Antonio era el referente de sus hermanos, hijos y nietos… Su espíritu inquieto y abierto estaba también presente en este ámbito, donde supo armonizar dirección, consejo, solidaridad, respeto, amor y, sobre todo, generosidad. Buena parte de toda esta armonía la conseguía gracias a la ayuda de su mujer, Maite, con quien tenía una relación simbiótica, formando una pareja que proyectaba amor y, también, serenidad. El amor hacia Maite y hacia sus hijos y sus parejas (a las que nos recibió y trató siempre como uno más de la familia), en los últimos años lo compartió con lo que era ahora su verdadera debilidad: los nietos.

Es difícil asumir que un corazón tan grande pueda fallar. Y es aún más difícil cubrir esta ausencia y aliviar nuestro dolor, sobre todo el de Maite. Nos queda el consuelo de la unión de la familia que encabezó, su obra y la conciencia de los recuerdos de vida con una persona singular que nos ha dejado.

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