Vivencias de un investigador (I)

La carrera de un profesor de Universidad (funcionario) no es fácil e incluye, al menos, tesis doctoral, evaluación de agencias (una o varias) y oposición (una o varias). Pero a partir de ahí, siempre he dicho que los profesores de Universidad (funcionarios) podemos vivir muy bien y ganar un dinero razonable haciendo poco. El problema es cuando se te ocurre hacer cosas como, por ejemplo, investigar (dejo a un lado otros posibles vicios como el de mejorar tu docencia o, incluso, dedicarte a la gestión)…

Pues eso, imaginemos que se te ocurre investigar, crear un equipo de investigación, formar nuevos investigadores, publicar, crear espacios de publicaciones, realizar estancias en otros lugares, organizar seminarios, destinar esfuerzos para trasladar tu trabajo a la sociedad, u otras manías relacionadas con lo anterior. Es aquí cuando tu vida comienza a complicarse.

A nadie se le escapará que para hacer todo lo anterior necesitas recursos. Simplificándolo mucho, los recursos pueden ser públicos o privados. Dejaré a un lado los segundos. Pues bien, los recursos públicos pueden ser europeos, nacionales, autonómicos, locales, de tu propia Universidad… Pensemos en los nacionales, esto es, aquellos que tienen que ver, principalmente, con el Ministerio (póngase el apellido que se quiera dependiendo del Gobierno de turno), aunque mucho de lo que diré es extrapolable al resto (me refiero a otros organismos).

Normalmente, las convocatorias para poder apoyar esa manía investigadora aparecen de vez en cuando, casi siempre con retraso… Obviamente tienes que preparar una propuesta (cada programa con los formularios pertinentes, distintos, eso si, unos de otros), en muchos casos en fechas algo incómodas (agosto o periodos en los que te coincide la justificación de otras ayudas que hayas podido recibir), y que presentas a través de aplicaciones informáticas que, todo hay que decirlo, funcionan cada vez mejor. La resolución, cuando es positiva, siempre es por un importe menor al que pedías. Pero bueno, has conseguido recursos para poder hacer algo. Eso sí, imagínense repetir esto por cada actividad para obtener una cantidad que no cubre, nunca, lo que realmente quieres hacer…

Tal vez sea importante aclarar, por si alguien que lee esto no está familiarizado con este mundo, que las ayudas no son para pagar al investigador. Es decir, que a esta manía de investigar no llegas buscando obtener beneficios económicos para ti… Eso solo ocurre con otro tipo de proyectos. Las ayudas te permiten organizar jornadas, comprar libros u ordenadores para la Universidad, contratar a alguien, pagar algún viaje para un Congreso, traerte a algún investigador de otra Universidad (eso si, a un hotel que consigas adecuar a los límites de las dietas)…

En todo caso, mientras dura tu ayuda además de gestionarla, debes ir presentando informes y, si tienes tiempo, investigar algo (que es para lo que la has pedido). Luego, con el tiempo, después de haber cumplido con los informes, de haber obtenido una valoración científica excelente por parte de comités internacionales, a los cuatro años más o menos, te viene la auditoría… Una auditoría realizada por gente ajena al ámbito científico que no entiende nada este ámbito. Y entonces, toca explicar, hacer papeles y justificar cosas sorprendentes (¿cómo es posible que el investigador extranjero que has invitado tome un taxi en un aeropuerto si existe transporte público?; ¿cómo es posible que haya hecho una reserva en un hotel que cuesta más de 67 euros por noche?; ¿cómo es posible que haya destinado tanto dinero para publicar los resultados de su investigación?; etc…).

Piénsese que esto se repite en las diferentes actividades (o manías) a las que me refería… Y también en aquellas ayudas -pocas- que van destinadas a contratar personas que te apoyen en la gestión; personas que van y vienen y que cuando te llega la auditoría ya, lógicamente, no las tienes.

Comenzaste como investigador y acabas como gestor, pero además, como un gestor sospechoso en muchos casos de haber querido defraudar a la Administración.

Por eso, lo mejor es olvidarte de estas manías y convertirte en un profesor inteligente, cumplidor de tus obligaciones docentes y lector, en su caso, de lo poco que va llegando a la biblioteca (y, como no, de lo que puedes encontrar en la web). Eso si, teniendo lejos a la AEI, por si acaso.

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