Fines y personas en los clubes de cantera

En marzo de 2016, de nuevo en el blog del Club Baloncesto Las Rozas, publicaba una reflexión sobre fines y personas.

La gestión de un club de cantera es algo complejo pero apasionante. Es complejo porque no se parece a ninguna otra organización siendo mezcla de muchas diferentes; es apasionante porque plantea retos deportivos y sociales de la mano de personas singulares.

Por lo general, los clubes de cantera comparten como principal objetivo el de la formación (en ocasiones no sólo deportiva o, si se prefiere, deportiva en un sentido muy amplio), pero muy unido a éste se encuentra el de la competición. Todo ello sin perder de vista que se trata de practicar un juego y que por tanto, la diversión y el ocio también deben ser tenidos en consideración. Para muchos jugadores el deporte es su vocación, para otros su entretenimiento, para algunos una forma de estar con amigos y amigas. La comunicación con jugadores y jugadoras y su valoración del trabajo del club, en todas y cada una de sus parcelas, es algo que hay que atender. En todo caso, en un club de cantera se debe compaginar la formación con la competición, la disciplina con la diversión, la superación individual con el interés colectivo… Y todo esto se complica si, además, se considera la práctica deportiva como una herramienta educativa y el club como una organización socialmente comprometida.

Combinar la doble mirada deportiva y las proyecciones educativa y social no es nada fácil, sobre todo si en cada uno de esos ámbitos se establecen metas y procedimientos y, también, si tenemos en cuenta que, junto a los jugadores y jugadoras, están sus familias.

Y es que las familias son una parte esencial del club. Lo mantienen a través de las cuotas (convirtiéndose así en una especie de propietarios-clientes) y ayudan en su funcionamiento regular (facilitando los traslados de jugadoras y jugadores y colaborando en la organización de eventos). Normalmente las familias buscan que el club sea un espacio para el desarrollo de una práctica deportiva saludable que contribuya al desarrollo de las chicas y chicos. Junto a esto, demandan también una mejora técnica y táctica y éxito en la competición. Todo ello además unido a un conocimiento real o pretendido del deporte en cuestión, bien por haberlo practicado, bien por haberlo seguido durante mucho tiempo, que convierte a algunos en entrenadores y gestores y hasta en verdaderos tifosis.

Resulta muy importante saber aprovechar la cantidad de recursos, conocimiento y posibilidades que los socios y socias pueden aportar, aunque es realmente complicado lograr su implicación. En cualquier caso, conseguir que las familias ocupen en el club el lugar que les corresponde no es algo sencillo. Como tampoco lo es la gestión de las personas que trabajan y colaboran con el club.

El tipo de personas que trabajan en un club se pueden reconducir a dos grandes grupos: el cuerpo técnico y la directiva. No obstante, sobre todo cuando el club tiene ciertas dimensiones, es posible hablar de otro grupo formado por personas que realizan labores de apoyo a la gestión.

Normalmente, muchas de las personas que forman parte del cuerpo técnico, son voluntarios que dedican un buen número de horas al club a cambio de satisfacción personal y de unos cuantos euros en forma de dietas. Suelen ser estudiantes o profesionales de otros ámbitos para los que la labor de entrenador es su pasión. Su dedicación se entiende desde esos parámetros y en ocasiones escapa al análisis racional. Pero en el cuerpo técnico hay también, a veces, profesionales, esto es, personas cuya profesión es la de entrenador, preparador físico, etc… Aunque su trabajo lo realizan con un enfoque diferente, para ellos el baloncesto es también pasión. Todo club debe poseer una planificación del trabajo de su cuerpo técnico en donde se plasmen unas exigencias comunes y unos mecanismos de evaluación. La existencia de estos dos perfiles debe estar presente en dicha planificación siendo, sin duda, un elemento enriquecedor en cuanto permite desarrollar la doble mirada que nos acompaña.

Otra parte importante de personas que trabajan en un club, las que forman parte de la directiva, son de nuevo voluntarios de diferentes campos profesionales, que no reciben (no pueden recibir) contraprestación económica alguna, y que además, son madres o padres de jugadores o jugadoras (cosa que complica su labor). De nuevo en su trabajo se mezcla pasión y razón. En ocasiones, se considera que la labor de directivo o directiva tiene sentido porque en definitiva se implican en el mantenimiento de una estructura organizativa para la práctica del baloncesto de sus hijos e hijas. Sin embargo, no creo que se explique sólo desde esos parámetros. Siempre he dicho que un buen directivo o directiva es aquel o aquella que está dispuesto a trabajar con independencia de que sus hijos o hijas estén en el club… En cualquier caso, el funcionamiento de un club requiere de la existencia de este tipo de personas que destinan tiempo de su vida a un fin colectivo con la única recompensa del trabajo bien hecho.

A veces, se tiende a establecer una separación tajante entre cuerpo técnico y directiva como si cada uno de ellos trabajase en instituciones diferentes o en temáticas completamente alejadas. Sin embargo, comunicación, colaboración y respeto, son tres ingredientes que deben presidir esta relación. Y en este punto, la labor de la dirección deportiva, como canal de comunicación equilibrado entre ambos ámbitos, es fundamental.

El tercero de los grupos está compuesto por personas que apoyan la gestión y que se dedican a la administración, la comunicación, a actividades puntuales… No todos los clubes poseen este tercer grupo. En todo caso, en su composición se repiten los perfiles anteriores. La mayoría de estas personas son voluntarios que dedican su tiempo libre a ayudar al club. Muchos de ellos vuelven a ser madres y padres de jugadores y jugadoras. Pero hay también profesionales para los que el club es su lugar de trabajo. La combinación de estos perfiles, teniendo en cuenta además que su labor está en conexión con la de los otros grupos, es otra de las circunstancias que hacen singular la gestión de un club.

El conocimiento de la misión y los objetivos del club por parte de todos sus miembros es esencial para su buen funcionamiento, pero es igualmente importante que todos seamos conscientes de quienes somos y de lo que tenemos (y también, de lo que podemos ser y tener).

Rafael de Asís

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