Todavía existe la “prescindencia”

Hace poco escribía sobre deporte e inclusión, señalando cómo era habitual encontrarse con situaciones de discriminación hacia niños/as con barreras al desarrollo dentro de instituciones y organizaciones deportivas. Se trata de una situación que, si se produce en un ámbito tan importante como es el educativo, como podemos pensar que no se de en otros, igual de importantes, pero menos valorados, como puede ser el del ocio o el del deporte. Y ello a pesar de que se trata de ámbitos muy relevantes para la inclusión social y por tanto, proclives a la discriminación cuando no son bien abordados. Ámbitos en los que, por otro lado, la formación de los profesionales sobre discapacidad es prácticamente inexistente o vocacional…

Hace cuatro años, en el marco de un programa de la Clínica Jurídica del Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas de la Universidad Carlos III de Madrid (hoy Clínica Javier Romañach), un grupo de alumnos del grado de Derecho del campus de Colmenarejo, elaboraron un informe, a petición del CERMI, sobre la discriminación de niños y niñas con discapacidad en las actividades extraescolares (https://e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/22183/informe-discapacidad_clinica-idhbc-2015.pdf?sequence=1&isAllowed=y) .

Pasan los años y este tipo de situaciones se siguen produciendo. Situaciones en las que niños/as son discriminados por empresas o instituciones con el beneplácito de padres y madres de otros/as niños/as.

Cuando decimos que no hemos conseguido acabar con el modelo médico de la discapacidad, no nos damos cuenta de que el problema es que todavía hay restos de la “prescindencia”. Obviamente no de una “prescindencia” abierta y descarada como la de los clásicos (aunque ojo con algunas publicaciones en el ámbito de las nuevas tecnologías o en el marco de la corriente transhumanista); sino de una “prescindencia” más sutil, segregadora y excluyente, que ya ni llega a utilizar el argumento (discriminatorio) de la caridad.

No me cabe la menor duda de que si preguntamos a esos padres y madres que no quieren que sus hijos/as pasen unos días con niños/as con discapacidad, si consideran que es mejor que estos niños/as no existan, nos van a decir que qué barbaridad. Pero lo que no se dan cuenta es que ese es el mensaje que lanzan. Mensaje similar al de los entrenadores que en un club deportivo apartan a un/a niño/ con trastornos en su desarrollo de su equipo porque molesta o porque algunos padres o madres del equipo se quejan.

Y algo parecido ocurre con las instituciones públicas y privadas. Además en relación con éstas, hay que tener bien presente que al permitir que este tipo de planteamientos tengan consecuencias en su actuación, están violando la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, la Convención sobre los derechos del niño, la Constitución, la Ley general de derechos de las personas con discapacidad o la ley de consumidores y usuarios por citar solo algunas normas…

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