El rechazo a la mentira

Durante todos los años que llevo en la docencia universitaria, más de 30, siempre me he preocupado de fomentar en los/as estudiantes un espíritu crítico desde el que analizar la realidad y tomar postura frente a ella, esto es, utilizando a Norberto Bobbio, tomar posesión de la realidad pero sobre todo, tomar posición. He intentado provocar la duda, el replanteamiento de las ideas y de los relatos. Y una de las constantes  presentes en este intento consistía en hacerles cuestionar la idea de verdad para provocar el abandono de posturas dogmáticas y con ello, por qué no, afianzar principios. He buscado que mis estudiantes no utilicen como argumento la verdad, haciéndoles ver que existen muchas verdades y que es mejor el diálogo y el consenso e intentar conjugar razón y sentimiento…

No obstante, creo que vivimos un momento en el que tal vez deba cambiar esta estrategia. Y es que, todo lo anterior valía en una sociedad para la que la verdad era importante. Esto es, una sociedad consciente de la existencia de diferentes verdades pero en la que existía un cierto acuerdo en rechazar la mentira. En definitiva: una sociedad comprometida con el rechazo a la mentira.

Entiéndase que ese rechazo a la mentira era compatible con posturas escépticas y relativistas y, también, con la creencia en verdades absolutas. El rechazo a la mentira ha venido siendo uno de los pilares de nuestra sociedad; un elemento esencial, junto a otros como el cumplimiento de las promesas, de aquello que se presenta como base de toda sociedad libre: la confianza.

Sin embargo, hoy en día nuestra sociedad camina por otro sendero. El compromiso con la verdad ha dejado de ser importante. La utilización de la mentira es una práctica cotidiana y global. Se construyen relatos falsos con la intención de influir en los comportamientos. Se utilizan herramientas para distorsionar la realidad. En las redes, sujetos inexistentes nos comunican noticia que no han ocurrido y sujetos que si existen convencen con mentiras a otros sobre lo que no son.

Cada vez es más difícil conocer la realidad. No sabemos si lo que nos dicen que ocurre ciertamente ocurre, ni si quien dice ser lo que es lo es… Hemos perdido la presunción de veracidad de lo que nos cuentan, la confianza en que quien nos habla no nos miente.

Y esto hace que nuestra duda sobre la existencia de la verdad siga existiendo pero, al mismo tiempo tengamos la necesidad mas que nunca de confiar en su existencia.

Por todo ello, seguramente a partir de ahora, tengamos que destinar esfuerzos para volver a convencer sobre la importancia del rechazo de la mentira. Difícilmente podamos avanzar como sociedad si no volvemos a convenir el valor de este rechazo.

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